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Cómo repartir los minutos en fútbol base sin que sea una guerra
El reparto de minutos es la causa número uno de conflictos con las familias. No se arregla con buena voluntad: se arregla con un dato que puedas enseñar.
Pregunta a cualquier entrenador de base cuál es su conversación más incómoda del año y no te va a hablar de táctica. Te va a hablar de un padre o una madre diciendo que su hija juega menos que las demás.
Lo interesante es que casi nunca es mentira del todo, y casi nunca es verdad del todo. Es que nadie tiene el dato.
Por qué la sensación siempre gana
Una familia ve doce partidos al año. Ve los suyos. Recuerda con precisión quirúrgica los tres en los que su hija salió en el minuto cincuenta, y no recuerda los cuatro en los que fue titular, porque eso es lo normal y lo normal no se recuerda.
El entrenador tiene el problema simétrico: recuerda que ha hecho un esfuerzo por repartir, y no recuerda que en las tres jornadas decisivas tiró siempre de las mismas seis.
Sin datos, esa discusión no se puede ganar. Ni se debe: no hay nada que ganar.
Lo que cambia cuando hay número
Cuando puedes abrir una pantalla y decir "en lo que va de temporada tu hija lleva 412 minutos, la media del equipo son 468 y la que más lleva son 610", la conversación se transforma. Deja de ser sobre percepciones y pasa a ser sobre criterios: por qué esa diferencia, qué hace falta para reducirla.
A veces el dato te da la razón. Y a veces —esto es lo importante— te la quita, y descubres que efectivamente hay dos o tres futbolistas que se te han quedado descolgadas sin que fuera una decisión consciente.
Tres criterios que conviene poner por escrito antes de septiembre
- Un suelo de minutos por partido, cuando el resultado lo permita. Ponerle número, aunque sea bajo. "Todas juegan" no es un criterio; "nadie baja de 15 minutos salvo lesión o sanción" sí lo es.
- Compensación entre jornadas. Quien jugó poco el sábado pasado entra antes este. Esto solo funciona si llevas la cuenta acumulada, no la del partido.
- Qué pesa además del rendimiento. La asistencia a los entrenamientos suele pesar, y está bien que pese. Pero dilo en septiembre, no en febrero cuando ya lo estás usando como argumento.
El punto incómodo
Medir los minutos no hace que el reparto sea justo. Hace que sea visible. Y lo que se hace visible se acaba corrigiendo, porque a nadie le gusta ver en una tabla que un tercio del equipo juega la mitad que el resto.
Esa es la parte que cuesta y la que de verdad sirve.
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